
Las cañas se están tornando lanzas. Al menos, eso sugiere la acumulación de evidencias negativas en este trimestre: subida del paro y de la inflación, la precariedad laboral se ceba en los siete millones de jóvenes y mujeres que cobran menos del salario mínimo, fracasa el enésimo intento gubernamental, erróneo, para resolver el gran problema de la vivienda y, claro, casi siete de cada 10 jóvenes se declaran, según una encuesta, insatisfechos con esta democracia incapaz de ofrecerles un futuro.































