Menos de un mes después de que el presidente de Palantir, el controvertido Peter Thiel, viajase a Roma para sermonear sobre el anticristo ante la mirada escéptica del Vaticano, el número dos de la compañía, el también polémico Alex Karp, publicó un manifiesto de 22 puntos en la red social X en el que cuestiona la civilización occidental en un texto reaccionario con tintes xenófobos, belicistas y ultranacionalistas. La declaración de principios describe un futuro distópico, donde emerge un Estados Unidos supremacista, con capacidad para vigilar a todos los ciudadanos y controlar el poder gracias a la IA. Silicon Valley pasará de alumbrar tecnología a suministrar las nuevas armas de guerra.

Palantir, una de las mayores empresas en gestión de datos para seguridad y fines militares, explica que el manifiesto es un resumen de La República Tecnológica, el libro escrito por Alex Karp y Nicholas W. Zamiska, el jefe de asuntos legales de la empresa, que llegó a convertirse en número uno de la lista de libros de The New York Times.

Karp, que cursó filosofía en la Universidad de Stanford, fue alumno de Jürgen Habermas en Alemania, adonde viajó para estudiar las razones que había detrás de la ideología fascista y nazi. En el manifiesto escribe: “Algunas culturas han producido avances vitales; otras siguen siendo disfuncionales y regresivas”. También defiende: “Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sustancia” o “se han puesto de manifiesto los límites del poder blando, de la mera retórica grandilocuente” por lo que anhela “un poder duro” para que prevalezca la civilización occidental. En el mismo manifiesto reclama el fin de “la neutralización de la posguerra” de Alemania y Japón, para que vuelvan a ser dos potencias militares.

En el mismo documento, que ha recibido un aluvión de críticas por su visión tecnofeudalista, sostiene que “Silicon Valley tiene una deuda moral” con Estados Unidos. Aboga por la vuelta del servicio militar obligatorio. Augura el declive de la era atómica y vaticina el imperio de la IA. “La cuestión no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no se detendrán a entablar debates teatrales sobre las ventajas de desarrollar tecnologías con aplicaciones críticas para la seguridad militar y nacional. Seguirán adelante”, sostiene.

La publicación del manifiesto de Palantir coincide con un mal momento en Bolsa para la empresa. Este jueves perdió un 7,5% de su valor y en los últimos seis meses se ha dejado un 21,5% pese a la guerra de Irán. Palantir es uno de los grandes contratistas del ejército estadounidense. Su sistema Maven, diseñado con la inteligencia artificial de Anthropic, es empleado para identificar miles de objetivos y diseñar operaciones militares en la guerra de Oriente Próximo. Los analistas creen que los nuevos modelos de IA de Anthropic, más desarrollados y con más capacidades, pueden perjudicar su negocio.

Thiel y Karp se han convertido en amigos y grandes donantes de Donald Trump, pese a que Karp mostró en el pasado una inclinación por los demócratas. El presidente estadounidense suele cuidar de los suyos. A principios de este mes, en plena caída de Palantir, publicó un mensaje en su red social Truth, en el que se leía: “Palantir ha demostrado tener grandes capacidades y equipo para la lucha bélica. Solo pregúntenle a nuestros enemigos”.

Aunque el comentario alivió temporalmente la caída de la empresa de vigilancia en Bolsa no evitó que la compañía fundada en 2001, con una inversión de la CIA en un fondo de capital riesgo, siguiera perdiendo terreno.

El manifiesto de Palantir ha suscitado numerosas críticas. El exministro griego de Finanzas durante la Gran Recesión, Yanis Varoufakis, publicó en redes sociales: “Si el mal pudiera tuitear, este sería el contenido”. El economista griego publicó un extenso comentario en X desmontando cada uno de los 22 puntos del manifiesto de Alex Karp. “Así como los financieros necesitaban el neoliberalismo, los magnates tecnológicos de hoy necesitan una nueva ideología para legitimar su dominio. Yo la llamo tecnofeudalismo”, escribe.

El filósofo Mark Coeckelbergh, profesor en la Universidad de Viena, lo definió como “tecnofascismo” en una publicación en X. En su blog añade: “Una cosa es que un gobierno o partido político articule y compita por una visión política; eso es lo esperado, incluso obligatorio. Otra muy distinta es que lo haga una empresa privada, especialmente una profundamente involucrada en la seguridad y la vigilancia del Estado. Esto no es solo publicidad de un importante traficante tecnológico global. Es un manifiesto. Y para cualquier defensor de la democracia, leerlo es como abrir un alimento que sospechabas que estaba en mal estado, pero no sabías que lo estaba tanto“.

El medio tecnológico The Verge indica que la publicación de Palantir “evoca tanto ideas reaccionarias extrañas como comentarios de Reddit de principios de la década de 2010″.

Gil Durán, un escritor y periodista californiano que lleva varios años escribiendo sobre los tecnooligarcas de Silicon Valley, publicó en X que el manifiesto escrito por Alex Karp era “una exaltación de la violencia y la velocidad, típica del fascismo”, lo que provocó que la red social X la congelara la cuenta.

Dave Karpf, profesor de medios de comunicación y asuntos públicos en la Universidad George Washington, no se mordió la lengua: “El director ejecutivo de Palantir es como un villano de James Bond, pero peor vestido”.

La publicación del documento de Palantir no ha hecho más que alimentar la mística diabólica que acompaña a la empresa, acusada de vulnerar derechos humanos, y señalada en Estados Unidos porque sus polémicos programas de vigilancia y datos son empleados por los agentes del Servicio de Aduanas y Control de Frontera (ICE) para sus tácticas de deportación masiva de inmigrantes y redadas indiscriminadas. También presta sus servicios al ejército israelí en los territorios palestinos.

Un estudio de Follow The Money en el que participó EL PAÍS descubrió que los principales bancos y gestoras de activos europeos han disparado en el último año sus inversiones en Palantir.

Amnistía Internacional denunció ya en 2020 que la entidad no respetaba los estándares internacionales vigentes, y la consultora MSCI la ha puntuado con 2 sobre 10 en “libertades civiles” y “derechos humanos” en un reciente informe de referencia para inversores institucionales de todo el mundo. Su fundador y presidente, Peter Thiel, defiende abiertamente ideologías antidemocráticas y antieuropeístas.

Hasta Alexander Dugan, el ideólogo de Vladímir Putin, ha reaccionado al manifiesto de Palantir. “Es mucho más importante que Trump. Trump es un peón insignificante en el tablero de ajedrez serio. Su rol es la destrucción total. La etapa de preparativos. Palantir es mucho más serio. Es el plan para salvaguardar el dominio en declive de Occidente por medios radicales”, ha escrito en X.

Dave Karf, que ha escrito varios artículos sobre la derechización de Silicon Valley, resume: “El manifiesto es un disparate, pero al menos es lo suficientemente breve como para aclarar las cosas. El mensaje, tanto del libro como del manifiesto, es que Palantir quiere ser EL fabricante de armas del próximo siglo. El futuro de la industria armamentística reside en el software y la IA. Palantir quiere que el gobierno gaste una cantidad excepcional de dinero en sus productos, por favor y gracias”. Y añade en un artículo publicado en Tech Policy y compartido en su blog: “Todo lo demás es pura palabrería. Estados Unidos es bueno. Los enemigos de Estados Unidos son malos. El poder duro, bueno. El poder blando, malo. Silicon Valley y los multimillonarios tecnológicos, buenos. Exigir responsabilidades a las élites, malo. Occidente es bueno. El resto: malo”.



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