
La Comisión Europea empieza a ver cómo los Estados miembros lanzan planes que intentan amortiguar el impacto de la escalada de precios de combustibles que ha provocado la guerra en Oriente Próximo y lanza una advertencia: “Nuestro espacio de maniobra es más limitado que antes por las crisis anteriores y la necesidad de aumentar el gasto en defensa”. Así lo ha señalado el comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, al acabar la reunión telemática de este viernes con los ministros de Finanzas de la zona euro. El veterano político letón ha asumido, también, que la situación económica está empeorando, que hay riesgo de un escenario de “estanflación” con bajo crecimiento e inflación alta. Y “en un escenario así”, los cálculos de Bruselas apuntan que el crecimiento podría recortarse en unas cuatro décimas sobre lo previsto el pasado otoño (un 1,4% de incremento del PIB en el conjunto de la UE). Incluso seis décimas entre este año y el que viene “si las interrupciones [del estrecho de Ormuz] son más sustanciales y prolongadas”.
“Cualquier política de respuesta para proteger a nuestra economía y a la gente debe alinearse con ciertos principios clave: la necesidad de ser selectivos, temporales, y no aumentar la demanda de petróleo y gas, y ser coherente con la necesidad de descarbonizar nuestro sistema energético”, ha apuntado Dombrovskis. A continuación ha añadido que, “por supuesto, las respuestas políticas pueden tener implicaciones fiscales serias”.
Bruselas piensa en los niveles de deuda que acumula la UE tras la crisis financiera de las dos décadas anteriores, la pandemia y la crisis inflacionaria que se vivió en 2022 y 2023. Ahora está en torno al 82% del PIB y escala hasta el 88,5% en la zona euro. Además, este número agregado esconde desigualdades como que en Grecia llega al 150%; en Italia roza el 140% y en Francia ronda el 115%. España está por encima del 100%. Además, como ha apuntado Dombrovskis —uno de los halcones en asuntos de seguridad y defensa, procedente de un país, Letonia, fronterizo con Rusia—, la prioridad fiscal a la que apunta la Comisión ahora está en el gasto en defensa (hay 15 países con las reglas fiscales suspendidas por este motivo) y las inversiones en las transiciones digital y energética.
La reunión informal del Eurogrupo de este viernes tenía que celebrarse en Chipre. Eso marcaba el programa de la presidencia chipriota del Consejo de la UE. Pero se cambió por un encuentro telemático al poco de comenzar la guerra, cuando se supo que Irán había lanzado misiles contra una base militar británica que hay en la isla del Mediterráneo oriental. Y ese ha sido, lógicamente, el tema principal de la reunión. Era una nueva toma de contacto entre la Comisión y los Estados para que el Ejecutivo de la UE ultime el recetario que está preparando para que sirva de guía a los Estados en su respuesta. Aunque para algunos países como España —también para Portugal o Grecia— esa guía llega tarde, porque ya han lanzado su respuesta política, que en el caso español tiene un coste fiscal estimado en 5.000 millones.
En la reunión, Dombrovskis también ha descrito cómo se está oscureciendo el horizonte económico. En sus palabras, ha subrayado que los números que daba no eran tanto una previsión como “un análisis para hacerse una idea de la escala del impacto potencial” de lo que está pasando en el golfo Pérsico. Esas cifras dibujan un escenario, para el conjunto de la UE, que contrastan con lo que el Banco de España ha publicado este viernes para España, que ha mejorado la previsión de crecimiento que dio en diciembre precisamente por el estímulo del plan de respuesta. Aunque el organismo también advierte de un panorama más sombrío si los efectos de la guerra se prolongan.
Las estimaciones de la Comisión contemplan, por el momento, que el petróleo ha cotizado alrededor de los 100 dólares durante las últimas dos semanas. “Naturalmente, el impacto en la economía europea dependerá de la duración, el alcance y la intensidad del conflicto”, ha advertido el comisario. “Pero está claro que estamos ante un riesgo de una crisis de estanflación. Es decir, una situación donde coincide el crecimiento lento con la inflación más alta”.
En este escenario, Bruselas cree que el crecimiento en la UE puede ser cuatro décimas menor al que se estimaba en las previsiones de otoño, entonces en 1,4%. También anticipaban una inflación media para el conjunto del año del 2,1% y ahora piensan que podría ser de un punto superior.
Pero la situación puede empeorar. Si se prolonga el estrangulamiento en el estrecho de Ormuz, la vía marítima por la que pasa una parte sustancial del petróleo y el gas licuado que se mueven en el mundo, “las consecuencias negativas para el crecimiento serían incluso mayores”. En este caso, el recorte en la actividad podría ser de seis décimas en 2026 y 2027 sobre las previsiones que presentó la Comisión en otoño pasado. La presentación de las nuevas estimaciones oficiales, las de primavera, están previstas para el próximo 21 de mayo.
Sin embargo, nada impediría que, si la guerra en Oriente Próximo se mantiene entonces o se ha agravado, los números que presenten entonces los economistas de la Comisión sean incluso peores. “Otros canales más podrían amplificar el impacto negativo de la crisis que acabo de describir”, ha concluido Dombrovskis a modo de última advertencia.






























