Queda todavía mucho partido por jugarse: otras siete reuniones en lo que resta de año donde el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo analizará minuciosamente los datos para saber si es necesario tocar los tipos de interés. Sin embargo, la sensación tras la intervención de este jueves de su presidenta, Christine Lagarde, es que serán necesarias desviaciones significativas de la inflación para que la entidad se decida a mover ficha. Ello abre la puerta a que 2026 se convierta en el primer año sin cambios en el precio del dinero desde 2021, hace un lustro.

Ese es el escenario central que manejan ahora mismo los mercados de futuros. Y el que respaldan diversas casas de análisis. Aunque con casi 11 meses por delante, el margen para que el sentimiento cambie es amplio. “Seguimos esperando que el BCE mantenga los tipos en el 2% hasta finales de 2026″, afirma Josefina Rodríguez, economista de Vanguard. “Seguimos esperando que el BCE permanezca en pausa en 2026. El umbral para que el BCE cambie su postura monetaria sigue muy alto”, coincide Frederik Ducrozet, director de análisis macroeconómico en Pictet WM.

El discurso de Lagarde, de un tono más halcón de lo esperado al restar importancia a la caída de la inflación en enero al 1,7%, y a la fortaleza del euro, ha reforzado a quienes contemplan un año en blanco, e incluso ha hecho cambiar de idea a otros. “Seguimos considerando más probable un recorte que una subida de tipos, pero retiramos nuestra previsión de una rebaja en 2026″, rectificaba este jueves Christian Schulz, economista jefe de Allianz Global Investors.

Pese a que la balanza de riesgos para la inflación parecía haberse inclinado algo a la baja por la citada inflación de enero y la debilidad del dólar, que abarata las importaciones de energía, las referencias de Lagarde a que los riesgos para la inflación estaban equilibrados, y su mención a que las previsiones de septiembre del banco ya recogían una inflación del 1,7% para este año (que luego en las de diciembre elevó al 1,9%) desconcertó a quienes auguraban algún guiño que hiciera pensar en futuros recortes de tipos.

Así lo interpreta Rodríguez, de Vanguard. “Al remitirse a las proyecciones más acomodaticias de septiembre, dejó entrever dos mensajes: que las previsiones de inflación a corto plazo de diciembre —especialmente las de inflación subyacente— probablemente se revisen a la baja en marzo, y que solo habría margen para nuevos recortes si la inflación se revisara por debajo del ya moderado escenario base de septiembre“.

Es decir, solo se plantearían movimientos si la inflación se sitúa por debajo de ese 1,7% de manera persistente. Lagarde no cree que eso vaya a suceder, y atribuyó el dato de enero al efecto base en los precios de la energía. Esto es, a un fenómeno estadístico pasajero por la comparación con los niveles, relativamente altos, de hace un año. A favor de esa tesis juega también que entre enero y mayo del año pasado la inflación se moderara seis décimas, por lo que el efecto base empujará a partir de ahora ligeramente al alza los precios, facilitando que se acerquen más al entorno del 2%.

Konstantin Veit, gestor de carteras en Pimco, tampoco espera cambios en el futuro inmediato. “Es probable que el BCE pase por alto las desviaciones modestas y en gran medida impulsadas por la energía con respecto al objetivo, a fin de preservar el margen de maniobra de la política convencional, sobre todo teniendo en cuenta que las expectativas de inflación siguen bien ancladas”.

La impresión general, por tanto, es que el BCE no está por la labor de lanzarse a una montaña rusa de subidas y bajadas para ajustar al detalle el tipo de interés, y prefiere dejar trabajar a la inercia. Máxime cuando no hay urgencias que atender en el lado del crecimiento, que resiste más o menos estable, y cuando la desinflación en el sector servicios es todavía lenta (fue del 3,2% en enero, frente al 3,4% en diciembre, tasas aún elevadas). Tampoco está garantizada la continuidad de la moderación salarial, otro factor que puede tirar al alza de la inflación.

Irene Lauro, economista sénior para Europa de Schroders va más allá en la deriva halcón que algunos perciben en Fráncfort, que coincide con el desembarco a partir de junio del croata Boris Vujcic, considerado halcón moderado, como número dos del banco en lugar del español Luis de Guindos. «La decisión de este jueves ha confirmado nuestra opinión de que el próximo movimiento de tipos del BCE será al alza, en lugar de a la baja”, apunta Lauro. Es la misma idea que dejó caer la alemana Isabel Schnabel en septiembre del año pasado. Y que contrasta con los comentarios más recientes de los banqueros centrales de Austria y Francia, en los que apuntaban a la fortaleza del euro como un posible desencadenante de futuras bajadas de tipos.



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