¿Qué son los mercados? “Los ahorros de tu madre” es una gran definición. “Cazadores de cabelleras”, decía un bróker en una mala película de los noventa. Un viejo banquero central dio con una imagen poderosa: “Los mercados son cerdos asilvestrados; si detectan una debilidad, un mal olor, se lanzan a por ello”. Sean lo que sean, los mercados andan revueltos: el dólar ha perdido un 20% de su valor desde que Trump es presidente, y va camino de ceder aún más terreno. Eso es, en parte, una excelente noticia para la economía estadounidense: facilita las exportaciones y la reindustrialización de EE UU, dos objetivos de Washington. El declive del dólar se debe también a que el primer año del trumpismo ha terminado sin grandes estropicios económicos: hay crecimiento, la inflación está más o menos bajo control, los aranceles han hecho menos daño de lo que parecía y las Bolsas y los activos denominados en dólares han subido tanto que hay que buscar otros caladeros en los que fondear.

Y ahí se acaban las buenas noticias para los ahorros de tu madre, acechan los cazadores de caballeras y aparecen los cerdos asilvestrados husmeando malos olores.

Trump ya se llevó una somanta de palos en primavera, cuando declaró la guerra comercial al mundo entero; los mercados le obligaron a corregirse. Los inversores han ido siguiéndole de cerca desde entonces, con una desconfianza creciente. Hasta que han empezado a cotizar los riesgos geopolíticos, o políticos a secas, del trumpismo. Hay preocupación por la situación fiscal de Estados Unidos, que se suma a los efectos negativos de la política arancelaria. A eso hay que añadir la escalada de tensión geopolítica y los innumerables líos internos. Además de la formidable presión sobre la Reserva Federal, que provoca una mueca de disgusto en los agentes económicos: el elegido por Trump, Kevin Warsh, tiene un trabajo muy difícil por delante en términos de credibilidad. No hay nada más miedoso que un millón de dólares. Y lo que menos le gusta a ese millón de dólares es poner en peligro la estabilidad institucional, la columna jónica sobre la que se asienta el privilegio exorbitante del dólar.

Ninguno de esos factores, por sí solo, suele provocar una severa corrección en los mercados. Pero cuando todo eso sucede a la vez surgen problemas. Más aún si hay otras señales preocupantes. Washington intervino Venezuela cuando Caracas amenazaba con vender petróleo en yuanes y otras divisas. El FMI está preparando escenarios que midan los efectos de una corrección más o menos rápida en los activos denominados en dólares. El oro se ha ido a máximos, y todos los activos refugio van al alza: el franco suizo, las divisas con más vinculación con las materias primas, la libra, el euro y el yen. El activo refugio por antonomasia solía ser el dólar. Ya no lo es.

Uno de los lugartenientes de Trump entró en una reunión en Davos presumiendo de que su hijo iba a ser aún más rico que él: esa es la catadura moral del trumpismo. Lo del presidente fue aún peor. Con la boca pegada al micrófono, la cabeza ladeada, la voz cascada y casi sin resuello, según los cronistas, cargó contra “esos idiotas como Jay Powell”, el jefe de la Fed, que se ha resistido a bajar tipos tanto como le gustaría al presidente. Trump repite una y otra vez que le viene bien un dólar débil. Y al final los mercados le han tomado la palabra: un dólar barato puede ser un bálsamo para la economía estadounidense, pero si esa tendencia se acentúa habrá jaleo. En estos momentos no hay alternativa, el mercado del dólar es más líquido y profundo que ningún otro. China sigue fijando controles de capital. Europa sigue ensimismada, incapaz de emitir eurobonos (más allá de la promesa a Ucrania) y de crear un mercado de capitales para los activos denominados en euros que le permita competir con la moneda de referencia.

No parece que vaya a haber nada parecido a una crisis aguda en el mercado de divisas, pero sí hay una corrección estructural, que está aquí para quedarse. El final del orden liberal internacional es, de alguna manera, el final de la hegemonía estadounidense: lo que viene es un mundo multipolar. El correlato monetario de ese cambio de época es el principio del fin del privilegio exorbitante del dólar, que sin un marco institucional estable pierde atractivo. Los mercados quieren cubrirse de los riesgos asociados a Trump. Han empezado a vender dólares. Quieren diversificar. Todo en orden, salvo que veamos un acelerón: los cerdos asilvestrados están nerviosos, los cazadores de cabelleras afilan sus cuchillos: ojo con los ahorros de tu madre.



Source link

Artículo anteriorPolíticos y empresarios destacan proyecto de ley urgente para eficiencia en los GAD, pero observan asignación de recursos