Hace aproximadamente una semana OpenAI anunciaba que la publicidad se abriría paso próximamente en su joya de la corona: ChatGPT. Y la noticia, que muchos barruntaban ya desde hace tiempo, llenó en términos de generales de algarabía a los anunciantes, a quienes la idea de emplazar publicidad en la plataforma de moda les resulta obviamente muy atractiva.
A primera vista, y sin mirar más allá, el desembarco de publicidad en ChatGPT no hace sino robustecer la posición de una compañía, OpenAI, cuyo crecimiento se ha disparado hasta el infinito y más allá en el transcurso de los últimos tres años. La facturación recurrente de OpenAI rebasó en 2025 la barrera de los 20.000 millones de dólares, diez veces más que hace dos años. Además, ChatGPT tiene ya a su vera a 800 millones de usuarios activos. Y entre los clientes de pago del famoso chatbot de IA hay nada más y nada menos que un millón de empresas.
Tales métricas son indudablemente extraordinarias y si la facturación fuera la única métrica verdaderamente relevante, Sam Altman sería probablemente el CEO más exitoso desde la invención de la publicidad. Sin embargo, a la hora de la verdad son los beneficios y no tanto los ingresos son la métrica más importante a la hora de ponderar el éxito (o en su defecto el fracaso) de una empresa. Y en este apartado en particular los números no sonríen en modo alguno a OpenAI, recalca el experto en marketing Mark Ritson en un artículo para Horizont.
Deutsche Bank estima, no en vano, que en el periodo comprendido entre 2024 y 2029 OpenAI acumulará un flujo de caja negativo de 137.000 millones de dólares. «Ninguna startup ha operado nunca con pérdidas de semejante magnitud», advertía la entidad financiera el pasado mes de octubre.
Gastos gigantes e ingresos raquíticos: el binomio que explica la llegada de la publicidad a ChatGPT
Para alcanzar la anhelada rentabilidad (de la matriz de ChatGPT está a día de hoy a años luz), OpenAI tendría que multiplicar por diez sus ingresos. Unos ingresos que actualmente apenas cubren los elevadísimos gastos de una compañía que se ha comprometido a invertir la friolera de 1,3 billones de dólares en centros de datos en el transcurso de los próximos años. La situación toma un cariz aún más sombrío si tenemos en cuenta que OpenAI dispone de unas reservas en metálico de apenas 16.000 millones de dólares.
Es obvio que, para llenar las arcas hasta la bandera, las empresas tienen que perder antes dinero a manos llenas. Amazon, sin ir más lejos, perdió miles de millones de dólares durante cinco años seguidos antes de alcanzar la rentabilidad. Aún más tiempo le llevó ser rentable a Tesla, que acumuló en su día perdidas de 8.500 millones de dólares durante un periodo de nueve años.
Sin embargo, OpenAI no es Amazon y su economía se rige por parámetros completamente diferentes a los de la compañía fundada en su día por Jeff Bezos. Al fin y al cabo, el volumen de inversión que necesita OpenAI para seguir pegando el estirón es absolutamente titánico en comparación. Y comparadas con las pérdidas de OpenAI, las pérdidas de Amazon parecen casi un error de redondeo.
Prueba que la situación financiera de OpenAI es a todas luces alarmante es que el año pasado Berkshire Hathaway, el «holding» del multimillonario estadounidense Warren Buffett, adquirió una participación de 4.000 millones de dólares en Alphabet, la matriz de Google. En un momento en el que la IA está en la cresta de la ola la compañía de Warren Buffett no ha invertido ni OpenAI ni en Anthropic, sino en una empresa de probaba solvencia que tiene probablemente lo que le falta a la startup capitaneada por Sam Altman: un sendero claro con rumbo a los beneficios.
A diferencia de OpenAI, Google cuenta con su propia infraestructura de almacenamiento en la nube y fabrica además sus propios chips. En 2025 la compañía de Mountain View acometió un desembolso de 85.000 millones de dólares, una cifra absolutamente colosal que puede, no obstante, ser sufragada sin problemas gracias a las múltiples fuentes estables de ingresos que Google tiene a su disposición. Solo el negocio publicitario de Google escupió más de 190.000 millones de dólares en 2025.
Su apuesta por la publicidad no evitará que OpenAI se ahogue en un maremágnum de gastos
Google juega además con la ventaja de haber integrado con éxito la IA en su celebérrimo buscador sin canibalizar su próspero negocio publicitario. Esto explica quizás por qué Warren Buffet (un hombre que tiene la vitola de tener muchísimo ojo para el mundo de los negocios) haya decidido depositar su dinero en Google y no en OpenAI.
Aunque OpenAI generará previsiblemente unos ingresos de 29.000 millones de dólares en 2026, la compañía necesitará que esta cifra se dispare hasta los 190.000 millones de dólares en 2030 no solo para conquistar la rentabilidad sino también para sobrevivir. Y esta meta se antoja a bote pronto imposible.
Por lo pronto la expansión no es una opción para OpenAI, que ya tiene, al fin y cabo, presencia a lo largo y ancho del globo. Además, en un negocio como la IA la adición de nuevos usuarios no solo no reduce los gastos, sino que los incrementa. Al haber más usuarios, aumentan, al fin y al cabo, los gastos de computación.
Para espolear su rentabilidad, OpenAI podría subir las tarifas que cobra en la actualidad a sus usuarios de pago, pero esta opción no resulta tampoco en modo alguno plausible, pues cobrar a los usuarios de ChatGPT más de 20 dólares al mes para acceder al famoso chatbot de IA reduciría probablemente la tasa de conversión (que para más inri se sitúa a día de hoy en apenas el 5%).
Lo que sí puede hacer OpenAI es diversificar su negocio, pero esta no se perfila tampoco como la solución definitiva. La compañía ya ha lanzado la herramienta de generación de vídeo Sora y el navegador Atlas y actualmente está trabajando con Jony Ive, el que fuera el jefe de diseño de Apple, en el primer dispositivo de «hardware» de OpenAI. Aunque la diversificación es obviamente una opción para pegar el estirón, lanzar nuevos productos implica también más inversión en investigación y desarrollo, más de poder de computación y más capital (justo lo que OpenAI no tiene).
El próximo desembarco de la publicidad en ChatGPT es en realidad la última bala en la recámara de OpenAI para seguir impulsado su crecimiento. Gracias a la publicidad OpenAI podría generar 24.000 millones extra en 2030, una cifra que, aunque estratosférica, no le bastará lamentablemente a la compañía para no ahogarse en un maremágnum de gastos, concluye Ritson.































