José Manuel González-Páramo (Madrid, 67 años) es una de las voces más destacadas del sistema bancario español y un experto en política monetaria. Profesor en el IESE Business School, ha sido miembro del Comité Ejecutivo y del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo, y ha formado parte del Consejo de Gobierno y de la Comisión Ejecutiva del Banco de España. Su extensa trayectoria profesional y sus vertientes públicas y privadas, donde ha ejercido como consejero ejecutivo del BBVA, le facultan para mostrarse crítico con el papel del Gobierno en la opa del BBVA sobre el Sabadell y con el bloqueo político del Parlamento español.

Pregunta. Lo sucedido estos días con Groenlandia ha dejado patente que Europa debe mejorar su autonomía estratégica. ¿Qué nos falta?

Respuesta. Europa no está bien preparada en la guerra geopolítica y menos para la económica. Funciona bien en tiempos de estabilidad, pero no en tiempos de crisis, cuando son necesarias decisiones urgentes porque sus procesos de decisión son extremadamente lentos. Un año después del informe Draghi solo se han aplicado el 11% de las medidas propuestas. Si realmente estamos ante un reto existencial, es un porcentaje insignificante cuando vemos que al otro lado del Atlántico basta un fin de semana para que al día siguiente haya órdenes ejecutivas por doquier.

P. ¿Qué rol debería jugar España y qué debilidades afronta?

R. España ha tenido recientemente unas tasas de crecimiento muy por encima del promedio europeo, pero ya estamos en el punto de inflexión y para este año se espera un avance solo ligeramente por encima del 2%. Una parte sustancial de este diferencial tiene que ver con vientos de cola como la inmigración, la evolución del turismo, el coste energético… pero como todo viento de cola se pueden agotar. La productividad ha evolucionado muy positivamente, pero la dinámica de la inversión no ha sido tan elevada como en ciclos anteriores. La inversión, tanto la privada como la pública, es el PIB del mañana. A eso se suma el bloqueo político, que juega en nuestra contra. Nadie gana pero pierde el país. Estar tres años seguidos sin presupuesto genera incertidumbre que puede afectar a las decisiones de inversión.

P. Pedro Sánchez ha anunciado la creación de un fondo soberano. ¿Puede convertirse en un viento de cola?

R. Aún no se conocen los detalles, pero desde luego no responde a lo que uno entiende por fondo soberano. Cualquier idea que trate de fomentar a futuro la inversión es buena. Veremos cómo se materializa en medidas concretas.

P. En Estados Unidos Trump ha puesto sobre la mesa la pérdida de la independencia de la Fed. ¿Qué derivadas puede tener?

R. Es una pieza más que viene a confirmar la quiebra institucional que estamos observando en EE UU, pero una pieza de relevancia simbólica. Delimitar esa independencia a medio y largo plazo va a tener efecto en el país y a nivel global, en forma de una inflación mayor, de tipos de interés a largo plazo más elevados y en un menor atractivo del dólar como moneda refugio. ¿Quién se refugia en una moneda cuando sus instituciones y políticas económicas son tan erráticas como las que estamos observando? Antes o después los grandes inversores internacionales empiezan a diversificar. De manera indirecta esto puede llegar a beneficiar a Europa.

P. La diversificación está cogiendo fuerza entre los grandes inversores junto con la posible venta de activos estadounidenses. ¿Qué recorrido tiene el sell America?

R. A corto plazo queda fuera de cuestión. No es tanto vender Estados Unidos como no renovar posiciones y diversificarlas un poco más para reducir posibles riesgos.

P. ¿Qué opina de la bifurcación de caminos por la que están optando el BCE y de la Reserva Federal en cuanto a política monetaria?

R. La diferencia es más aparente que real. El BCE empezó antes porque la inflación parecía más controlada en la zona euro que en EE UU y la Fed se ve afectada por una política fiscal muy expansiva. El BCE parece que ha llegado a su suelo y la Fed tiene un camino todavía por recorrer que no es muy largo, aunque es verdad que los riesgos inflacionistas en EE UU son mayores. En Europa hay que vigilar de cerca la evolución salarial, porque los salarios tienden a mirar más hacia detrás que hacia delante.

P. En EE UU los aranceles no terminan de aflorar su impacto en la inflación…

R. Hay aranceles sobre alimentos y productos de uso doméstico habitual que se han eliminado. Trump sabe lo importante que puede ser la inflación para no perder unas elecciones de mitad de mandato como las de noviembre.

P. ¿Cree que Trump podría llegar a perderlas por el daño al poder adquisitivo?

R. La gente cuando vota, sobre todo en EE UU, mira el bolsillo y mira lo que su dinero puede comprar. La inflación fue un factor fundamental en el resultado de las últimas elecciones presidenciales. Trump conoce como nadie a su público y por eso ha reducido o eliminado aranceles sobre bienes que afectan directamente al bolsillo de gente.

P. En Europa no termina de arrancar la consolidación bancaria. ¿Qué precisa el sector bancario europeo pueda competir con el estadounidense?

R. Es preciso eliminar los obstáculos para que la banca europea gane tamaño y falta mucho por hacer. La intervención de los poderes públicos en los procesos de fusión es excesiva, a veces llevada por intereses que no son económicos sino políticos. Además, los reguladores nacionales siguen teniendo capacidad de bloquear operaciones. No hay conciencia de que con tamaños como los que tiene la banca europea no podemos competir a nivel internacional con EE UU ni con China. No es que lo más grande sea mejor necesariamente, pero hay operaciones globales que la banca europea no puede acometer. La falta de convergencia regulatoria y la interferencia de los poderes públicos son centrales en esta falta de operaciones corporativas en la banca.

P. ¿Fue excesivo el papel del Gobierno en la opa del BBVA sobre el Sabadell?

R. Fue una interferencia bastante evidente. La opa fue rechazada con claridad por los accionistas, pero ha sido una oportunidad perdida para considerar con frialdad las sinergias y los beneficios que hubiera tenido una entidad más grande. Los organismos supervisores, tanto el BCE como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) dieron su visto bueno. El factor político ha sido fundamental en el fracaso de la opa, que en ocasiones fue más parecida a un Madrid-Barça. Más que una operación corporativa de primer nivel fue un partido de fútbol.

P. ¿El BBVA debería haber elevado más su oferta?

R. No lo sé, no estoy en el detalle del cálculo del precio, pero creo que no se ha discutido la operación con la debida calma.

P. ¿Fue un error que el BBVA lanzara una opa hostil?

R. Siempre es preferible un acuerdo amistoso, pero cuando una de las partes ve una oportunidad y no es posible un acuerdo amistoso hay que dejar que juzguen los accionistas.

P. ¿Veremos más intentos de consolidación en la banca española y europea?

R. En España después de esto vamos a tardar un tiempo en ver alguna operación. Y en Europa, si la Comisión Europea pone el foco en reglamentos en lugar de directivas para que estos se puedan aplicar de manera directa en los países y se logra una legislación uniforme, habrá menos margen para que autoridades nacionales hagan descarrilar operaciones que desde el punto de vista de mercado tienen sentido. Pero el riesgo político es muy difícil de gestionar, como se ha visto en el caso de Unicredit y Commerzbank.

P. ¿Qué debe mejorar la banca española para elevar su competitividad?

R. El sistema bancario español es de los mejores del mundo. Lo digo así, con toda rotundidad. Tiene un nivel de concentración intermedio y una gran consolidación como consecuencia de la crisis financiera. En cuanto a competitividad, la banca española es la más eficiente de Europa, pero debe mejorar en ambición internacional, aunque las cortapisas son evidentes. Tenemos dos bancos internacionales que juegan un papel relevante en el mundo, pero no están en la liga de los grandes bancos.

P. El BCE sigue sus trabajos sobre el euro digital. ¿Es qué medida es necesaria su creación?

R. Soy de los que piensan que el euro digital es un componente imprescindible para Europa y una parte fundamental de su autonomía estratégica. Y lo es por soberanía monetaria, Europa no puede permitirse el lujo de perder el control sobre el dinero respaldado por el Banco Central. No tenemos un medio paneuropeo de pago inmediato europeo, como Bizum. Podemos pagar con tarjetas de crédito, pero dependemos absolutamente de los medios de pago que no están domiciliados en Europa. Somos absolutamente dependientes de la guerra económica. Si mañana por algún motivo estos medios de pago no se pudieran utilizar o se enfrentaran a dificultades, se paralizaría nuestra economía.

P. El Gobierno ha optado por mantener este año el impuesto al sector bancario. ¿Tiene sentido?

R. Es un impuesto que se ha introducido por razones ajenas a la economía y que no tiene lógica económica. Nunca tuvo sentido y no lo tiene ahora y eso importante tenerlo en cuenta cuando el crecimiento económico empieza a ser menor. El impuesto bancario español no grava sus beneficios sino el margen de intermediación, por lo que reduce la demanda de crédito e incentiva una reducción en la remuneración de los depósitos, que ya es muy baja. El efecto que se consigue es el contrario al que se busca.



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