El capitalismo popular español de los años 80 y 90, alimentado por la privatización de empresas como Telefónica, Endesa, Repsol, Argentaria o Tabacalera de la mano de sus salidas a Bolsa, se ha tornado en un páramo. Para remediarlo, la banca de inversión reclama medidas para impulsar las OPV. Destacan, entre otras, la equiparación fiscal de la deuda y el capital o la creación de la cuenta de ahorro para agrupar inversiones con las que incentivar la vuelta del minorista a los mercados. El mecanismo Easy Access, para desvincular el registro del folleto y la obtención de la demanda, es una fórmula en el camino correcto. Pero el sector pide más.

Las salidas a Bolsa en España sufren desde hace años. El capital privado (private equity, en inglés) es un imán para las compañías y sus dueños, que prefieren evitar el escrutinio de los supervisores y la volatilidad de los mercados. La compañía de juego Cirsa y la plataforma de reservas de hoteles HBX (antes, conocida como Hotelbeds) fueron las únicas OPV de 2025. La consultora Izertis, por su parte, pasó de la plataforma BME Growth a la Bolsa clásica. Se da la paradoja de que esta llegada al mercado con cuentagotas se produjo el mismo año en que el Ibex 35 batió sus máximos históricos y se disparó un 50%.

José Manuel Gómez-Borrero, responsable de Equity Capital Markets de BBVA, sentencia que “la revitalización de los mercados de capitales españoles pasa por un marco de reformas que incida tanto en la base inversora como en el acceso de las empresas a los mercados”. Así, aboga por equilibrar el tratamiento fiscal entre deuda y fondos propios para fortalecer la solvencia empresarial.

En España, y en la mayor parte de los países europeos, se prima el uso de la financiación ajena frente al capital. De esta forma, los intereses de la deuda gozan de deducción en el Impuesto sobre Sociedades con un límite del 30% del beneficio operativo del ejercicio, mientras que no existe ninguna ventaja para la retribución del capital a través de los dividendos.

Salvatore Branca, responsable de Equity Capital Markets de BNP Paribas para el sur de Europa, considera “clave adoptar medidas fiscales y económicas que incentiven a los fondos nacionales e internacionales a invertir en el mercado”. En este apartado, varios banqueros de inversión apuntan con el dedo a la denominada cuenta sueca, que permitiría un tratamiento fiscal más benévolo para la inversión en Bolsa y otros activos y que facilitaría que unos 10 billones de euros en Europa, arrinconados en cuentas corrientes y depósitos de baja remuneración, se pusieran a trabajar. El Gobierno ya ha iniciado su tramitación mediante una consulta pública previa, después de que la hayan reclamado tanto el consejero delegado de BME, Juan Flames, como el presidente de la CNMV, Carlos San Basilio. Esta fórmula, que está siendo impulsada por la UE, permite aunar en una misma cuenta varios productos, como acciones, bonos y fondos de inversión, lo que facilita que los inversores aprovechen mejor el potencial de los mercados y reduzcan las pérdidas de oportunidad asociadas a productos de muy baja remuneración. La Comisión Europea sugiere que se incentive mediante ventajas fiscales, si bien este punto todavía no se ha decidido en España.

Luis Felipe Juárez, responsable de Equity Capital Markets (ECM) de Santander Corporate & Investment Banking (CIB), afirma que deben reforzarse “algunos incentivos para el inversor —por ejemplo, mediante esquemas fiscales que favorezcan la participación en OPV—, lo que contribuiría a aumentar el atractivo del mercado español y a favorecer nuevos debuts, como sucede en países nórdicos o en Polonia”.

Juande Gómez-Villalba, CEO de Goldman Sachs en Iberia y co-head de Banca de Inversión, insiste en esta idea y señala que otros países como Suecia son la prueba de que “los incentivos fiscales pueden tener un efecto muy positivo en la demanda de fondos de pensiones, así como de la de inversores retail”.

André Pereira, partner y head de ECM de Alantra, señala que “Europa está tratando de incentivar que el dinero llegue a la Bolsa con la rebaja de las exigencias burocráticas y también con la denominada cuenta sueca, con bonificaciones fiscales para el inversor”. Y añade que “el escenario sería mucho más atractivo si, además, se añadieran otras ventajas para los emisores que quieren debutar en el mercado”.

Menos carga regulatoria

Por el lado de la oferta, el directivo de BBVA añade que sería útil facilitar el acceso de las empresas, especialmente pymes y compañías medianas, a través de una reducción de costes y de una poda de la complejidad regulatoria con el objetivo de que la Bolsa sea una alternativa real a la financiación bancaria. Añade que se tienen que “desarrollar mercados más profundos y líquidos mediante mayor participación internacional y una estructura de costes más competitiva”.

Georg Orssich, responsable de Crédit Agricole en España y director de Banca de Inversión en Europa (excepto Francia), apuesta por crear un mercado europeo real, ya que considera que las Bolsas están dominadas por los inversores estadounidenses, que han desarrollado potentes fondos de pensiones. “Hay una carencia de fondos de pensiones europeos y de inversores nacionales, especialmente en España”, asegura.

Gloria Carreño, co-head de Banca de Inversión de Goldman Sachs en Iberia, añade que debe seguir promoviéndose un marco regulatorio favorable para emisores que será muy útil para start-ups y compañías familiares. “La simplificación y armonización de la regulación de folletos de admisión y otras reglas de mercados de capitales que se está promoviendo desde la Comisión Europea también van en la buena dirección”, agrega.

Las propias entidades se ponen deberes a sí mismas, pues las estructuras de las operaciones son cruciales a la hora de incentivar la demanda. El tamaño de la operación no tiene por qué ser necesariamente el más grande posible, sino que una OPV debe dimensionarse para crear el volumen y la tensión de precios adecuados, advierte Armando Rubio, responsable de Jefferies para España y Portugal. El directivo aboga por sacar menos papel al mercado, dar tiempo a que la compañía se revalorice y, solo entonces, volver a colocar nuevos títulos.



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