Los dos gigantes españoles de la banca de inversión, el Santander y el BBVA, cada vez tienen más que ganar en la guerra de Netflix y Paramount Skydance por hacerse con el control de Warner Bros. Ambas entidades acompañan al productor de Stranger Things en su batalla por los míticos estudios cinematográficos en su último movimiento mediante el que ha transformado a 100% en metálico su oferta de 27,75 dólares por acción. Los compromisos de préstamo del banco que preside Ana Botín se elevan a 2.672 millones de dólares y los del que dirige Carlos Torres, a 1.088. En total, son 3.760 millones de dólares (unos 3.200 millones de euros), que duplican los 1.900 millones de dólares (1.600 millones de euros) por los que ya habían extendido un primer talón.

El acento español es cada vez más acusado en gran operación del sector audiovisual que se cuece en Estados Unidos, pero que tendrá repercusiones en los televisores de todo el planeta. Netflix ha modificado su propuesta para que sea 100% en dinero contante y sonante, apoyándose en “tesorería, líneas de crédito disponibles y financiación comprometida”, según una nota de prensa de la compañía. Y aquí han entrado en juego los poderes de sus tres grandes bancos de cabecera: el estadounidense Wells Fargo, el francés BNP Paribas y el británico HSBC. Los tres han ampliado el crédito puente que habían concedido al gigante audiovisual en 8.200 millones de dólares, según los datos comunicados a la Comisión de Valores y Bolsa estadounidense (SEC, por sus siglas en inglés).

Este triunvirato está empleándose a fondo para blindar la operación, de manera que ha vuelto a llamar a otras entidades de su confianza, y también de las de Netflix, que les ha dado su bendición, para participar en el reformulado crédito puente, ahora por 42.200 millones de dólares. Este montante supone una suerte de aval que garantiza que la operación puede ejecutarse sin más dilaciones. El Santander se ha comprometido a participar con 1.360 millones de dólares y el BBVA, con 510 millones. Recibirán un diferencial del 0,75% sobre la tasa libre de riesgo para operaciones en dólares (SOFR, equivalente al euríbor en euros) una vez que el préstamo entre en funcionamiento, si bien este cuenta con un mecanismo que ajusta el precio al alza en 0,25 puntos porcentuales cada tres meses. Este factor incentiva que Netflix busque soluciones más a largo plazo para la financiación, a riesgo de sufrir un fuerte encarecimiento si no actúa rápido.

De hecho, la plataforma de televisión, que ha anunciado unos beneficios de casi 11.000 millones de dólares el año pasado y que cuenta con más de 325 millones de suscriptores en todo el mundo, ya había hecho parte de los deberes. Como publicó Cinco Días el pasado 23 de diciembre, Netflix ya había buscado solución para 25.000 millones de dólares a través de tres fórmulas: una línea de crédito revolving –que la compañía dirigida por Ted Sarandos y Greg Peters puede usar, devolver y volver a utilizar repetidamente– que expira en 2030, una línea de crédito por 10.000 millones de dólares a dos años y otra a tres años por ese mismo importe.

Esa operación amplió los plazos de devolución de los préstamos y, en paralelo, los mencionados tres bancos de referencia de Netflix se repartieron una parte sustancial del riesgo que habían asumido al extenderle el talón inicial con el importe comprometido para comprar Warner, titular de los derechos de Juego de tronos, Harry Potter y de las películas de los superhéroes de DC Comics, como Batman y Superman. En esa fase de la financiación ya participaban el Santander, con 1.312 millones de dólares, y el BBVA, con 578 millones. Las rentabilidades aquí se situarán entre el 0,85% y el 1,25%, diferenciales que se fijarán de forma definitiva en función del rating del productor de El juego del calamar, que goza de una calificación de A según Standard & Poor’s, cuatro escalones por debajo de la máxima posible, y de A3, de acuerdo a Moody’s, a seis peldaños de la más elevada.

La entrada de las entidades españolas en el crédito puente garantiza que, cuando este se refinancie, también formarán parte de la lista de bancos elegidos para financiar la operación con vistas al medio y al largo plazo. Igualmente, aparecen como prestamistas en los actuales cuatro bloques del paquete de financiación –el crédito puente por 42.200 millones de dólares, el crédito revolving por 5.000 millones y los dos tramos sénior a dos y tres años por 10.000 millones cada uno– el banco galo Société Générale y el alemán Commerzbank. En el mismo equipo figuran los canadienses RBC, Banco de Montreal y Scotiabank, así como los japoneses Mizuho y MUFG o los americanos Morgan Stanley, PNC Bank y Standard Chartered.

Los generales del ejército financiero de Paramount Skydance, que mantiene una oferta hostil a 30 dólares por acción por Warner, también totalmente en efectivo, siguen siendo Bank of America, Citi y el gigante del private equity Apollo. Los tres le garantizan financiación por 54.000 millones de dólares. El arma secreta del dueño de los canales CBS, MTV o Nickelodeon es el aval del fundador del titán de la tecnología Oracle, Larry Ellison, a la sazón padre del consejero delegado de Paramount, David Ellison. Son 40.400 millones de dólares de su fortuna personal que respaldan sin ambages la oferta de unos 108.000 millones de dólares de la compañía que dirige su hijo.

La oferta de Netflix, pese a su reciente metamorfosis –antes ofrecía también acciones propias como contraprestación–, es inferior a la de su competidor, pues su valor total es de 83.000 millones de dólares. Pero entre ambas propuestas hay una diferencia clave. Netflix solo quiere comprar los estudios cinematográficos de Warner y el canal de streaming HBO Max. El negocio de televisión por cable, del que forman parte la CNN, TNT y los canales de Discovery, se segregará en otra compañía, Discovery Global, que cotizará de forma independiente y cuyos títulos se entregarán a los actuales accionistas de Warner. Paramount, en cambio, quiere el 100% de Warner.

La diferencia de tamaño entre los contendientes es muy significativa. La capitalización de Netflix se sitúa en unos 390.000 millones de dólares, mientras que la de su rival supone aproximadamente un 3% de esta cantidad, con poco más de 12.000 millones de valor en Bolsa. Además, al margen de los factores mencionados, la oferta de Netflix cuenta con el plácet de la cúpula de Warner y los accionistas de esta última deben dar su preceptiva luz verde en una junta extraordinaria que convocará exclusivamente para ese cometido.



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