
La Comisión Europea define a China como un “socio para la cooperación, un competidor económico y un rival sistémico”. Un paradójico cajón de sastre cuyas aristas se han multiplicado desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca. Mientras Estados Unidos impone a golpe de arancel un nuevo orden comercial, la gran fábrica del mundo inunda el Viejo Continente de productos baratos que su mercado nacional no puede absorber. Y desde Bruselas y otras capitales europeas se clama contra la excesiva dependencia económica y un déficit comercial récord, al tiempo que las empresas comunitarias continúan invirtiendo en el gigante asiático. En estas difíciles aguas navega Jens Eskelund (Dinamarca, 55 años), presidente de la Cámara de Comercio de la UE en China, que advierte en una conversación con EL PAÍS de que, si Europa no actúa pronto, veremos “industrias abandonando el continente [europeo] en los próximos años”. Un precio que, según él, quizá valga la pena pagar.
Pregunta. Cuando Donald Trump volvió a la Casa Blanca, hubo quien vio su ofensiva arancelaria como una oportunidad de acercamiento entre Europa y China. La realidad ha sido más bien la contraria, ¿tuvo esa percepción inicial?
Respuesta. Creo que hay que tener en cuenta que, si bien las empresas europeas tienen una presencia bastante significativa en China, cuando se analizan las exportaciones europeas a China, en realidad son bastante limitadas. Europa es un mercado muy grande para China, pero China no es un mercado tan grande para Europa. Es un mercado más grande para las empresas comunitarias que estén allí. Esto es una consecuencia de las políticas del Gobierno, que buscan atraer industrias para que muevan su producción a China, con medidas como incentivos de precios. Creo que Europa debe preguntarse qué ventajas le reporta todo esto. Y quizá también empezar a considerar que es necesario que haya una cierta equidad en el trato en lo que respecta al acceso a sus mercados.
P. ¿Tiene sentido invertir en plantas en China en esta coyuntura comercial y geopolítica?
R. Vivimos en una época muy volátil desde el punto de vista geopolítico. Y si estás en China, principalmente para servir al mercado chino, una forma de proteger tu cadena de valor es, obviamente, traer más al país. Como productor, buscas tener un producto mejor a un precio más bajo. Ahora bien, ¿cómo se consigue? En muchos sectores, la única forma es adquirir componentes mejores y más baratos. Y el lugar donde se pueden encontrar hoy en día es la cadena de suministro china. Por lo tanto, si se quiere competir a nivel mundial, muchas empresas consideran que simplemente tienen que abastecerse en China para acceder a estas cadenas de suministro. También hay que tener en cuenta que se han registrado 38 meses consecutivos de deflación en los precios de producción.
P. La inversión en China se justifica en parte por las políticas proteccionistas de Pekín, que incentivan a producir allí para acceder al mercado (in China for China), pero muchas compañías europeas exportan ya desde allí.
R. Así es. Trabajamos con compañías que antes nos decían que producían en China un 80% para el mercado nacional y un 20% para exportar. Ahora es al revés. Es una tendencia que no solo responde a las políticas del Gobierno chino, sino a la necesidad de supervivencia de las compañías: si la demanda interna no es capaz de absorber toda esa oferta, se le da salida en otros mercados.
P. Señala a las políticas del Ejecutivo chino, pero, ¿cuánto de la actual situación se debe también a factores coyunturales?
R. Es una paradoja: China es fuerte y débil al mismo tiempo. La debilidad de su mercado doméstico es la que ha propiciado su fortaleza externa. Si mira qué mueve una economía, —consumo, inversión y exportaciones—, ve que el consumo en China no crece como debería y que la inversión cae. Lo único que funciona son las exportaciones, así que ¿por qué limitaría el motor de tu economía? Además, en términos reales, solo el año pasado, el renminbi se ha depreciado entre un 12% y un 15%, y hay un grupo cada vez mayor de académicos que defiende que el euro está, en realidad, sobrevalorado en un 40% frente la divisa china. Por supuesto, debemos hacer todo lo que sugiere Mario Draghi en su informe: desregular, reducir los precios de la energía, crear un verdadero mercado interior… pero, de nuevo, incluso si se hacen todas estas cosas, ¿se puede competir si la moneda está sobrevalorada en un 40%?
P. Con exportaciones a la baja, un mercado inundado por productos chinos (y fabricados en China), una divisa sobrevalorada y sus compañías recortando empleos en casa, ¿es esperable una respuesta más agresiva de la Unión Europea?
R. De alguna manera, ya lo estamos viendo. Hemos visto un aumento de mecanismos de defensa comerciales y eso se va a acelerar hasta algún punto. Creo que la paciencia de los socios comerciales de China se acabará en algún punto, pero no será al estilo big-bang estadounidense. Será algo más lento.
P. ¿Hay un riesgo real de que algunas industrias abandonen el continente europeo?
R. Si Europa no actúa en los próximos años, algunas industrias simplemente abandonarán el continente. Y quizá eso no sea grave, pero debemos posicionarnos. Tenemos que aprender a ser un poco más transaccionales y, en un mundo en el que cada uno vela por sus propios intereses, quizá Europa también empiece a preguntarse cuáles son realmente los suyos. De China debemos aprender a adoptar un enfoque granular. No puede haber una solución única para todos. Debemos analizar si un sector es importante y, en caso afirmativo, qué podemos hacer para ayudarlo.
P. ¿Qué puede hacer el bloque?
R. Cuando aconsejamos a compañías que quieren invertir en China, les decimos que si quieren triunfar allí tienen que ser capaces de explicar en qué van a beneficiar al país. Si compras un coche europeo en China, el 95% del valor añadido se queda allí: los impuestos, el empleo, la propiedad intelectual compartida, la localización de las cadenas de suministro, todo. De eso puede aprender Europa. Muchas de las empresas chinas con las que hablamos saben y entienden que probablemente tendrán que compartir algunos de los beneficios si quieren acceder al mercado único, pero nunca lo harán si Europa no se lo pide.
P. La Unión Europea acaba de aprobar, después de años de negociaciones, el acuerdo Mercosur. ¿Lo interpreta como una respuesta a las presiones chinas y estadounidenses?
R. Es muy razonable la forma en que actúa Europa, que cuando se ve presionada por dos países muy grandes, sale a buscar otras alternativas. Creo que es algo muy positivo.
P. ¿A qué punto medio se puede llegar con China? En uno de sus informes avisan de que sus políticas de incentivar las exportaciones a toda costa pueden ser pan para hoy, pero hambre para mañana.
R. Una apreciación del renminbi podría ayudar porque, en primer lugar, reduciría parte de la tensión comercial, ya que facilitaría el comercio de sus socios y podría ayudar al consumo interno, dando más poder adquisitivo a los chinos. En realidad, hay un interés considerable en China. El riesgo para Europa es que China pueda simplemente decidir que no va a exportar algún producto clave, lo que podría paralizar parte de la industria europea. Para China, el riesgo es que el mercado único más grande del mundo simplemente desaparezca. Y eso es un problema real.































