
La FIFA apuesta por un éxito de taquilla en el Mundial de fútbol de EE UU, Canadá y México de este verano. La ampliación del torneo de 32 a 48 equipos contribuirá a que los ingresos de la organización alcancen los 8.900 millones de dólares este año, según su presupuesto; un 50% más que en 2022, año del Mundial de Qatar. La FIFA espera obtener un tercio de los derechos de hospitalidad y la venta de entradas, que con 3.000 millones triplicarían con creces la cifra equivalente de Qatar.
Hay razones para pensar que el presidente, Gianni Infantino, alcanzará su objetivo. 11 estadios anfitriones de EE UU tienen una capacidad de más de 60.000 asientos, mientras que en Qatar solo dos de las ocho sedes alcanzaban ese umbral. Los estadios de EE UU también suelen estar bien equipados para ofrecer lucrativos paquetes de hospitalidad corporativa. Además, es difícil subestimar la ventaja de contar con un público local numeroso y relativamente acomodado.
Aun así, es fácil ver cómo podría darse un autogol. Aún hay un largo camino por recorrer para evitar un vacío embarazoso entre el público. Uno de los peligros es que una política fronteriza más hostil de EE UU disuada a los amantes del fútbol de comprar entradas o asistir. Los aficionados pueden preguntarse cómo gestionarán los organizadores las situaciones en las que los poseedores de entradas no puedan entrar en el país. Según una fuente cercana, la FIFA está trabajando con las autoridades de EE UU para facilitar los visados a las personas que vayan a asistir.
Incluso si el torneo empieza con todas las entradas y paquetes de hospitalidad vendidos, existe el riesgo de una reacción negativa de los aficionados. Un análisis del ingeniero de transporte y bloguero Hayden Clarkin reveló que la cobertura de trenes y autobuses es irregular en las principales ciudades de EE UU que acogen la Copa del Mundo. Trump también ha amenazado con trasladar los partidos fuera de las ciudades que considera inseguras, lo que aumenta el riesgo de que haya cambios de última hora en el calendario por motivos políticos. Dada la relación relativamente estrecha de Infantino con el presidente, el jefe del fútbol podría pensar que tiene posibilidades de minimizar cualquier caos. La otra cara de la moneda es que la FIFA acabará siendo responsable de cualquier problema que Trump cause en el Mundial.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías































