Tras las declaraciones que el consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, lanzó el viernes en la reunión pública convocada en la Casa Blanca por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para tratar sobre el futuro de Venezuela, el ejecutivo de la compañía española y los del resto de petroleras invitadas participaron en un segundo encuentro a puerta cerrada. En dicha reunión, Trump trasladó a Imaz que se darán “todo tipo de facilidades” y “lo que necesiten” para impulsar la producción de petróleo, pues la intención de Estados Unidos es ver “resultados lo antes posible”.

Repsol sería, junto a la italiana ENI (socio de la española en la explotación del yacimiento de gas la Perla, uno de los mayores del mundo), Chevron y Shell, las petroleras mejor posicionadas en la nueva etapa de intervencionismo norteamericano en Venezuela. Las riendas las llevarían los secretarios de Estado de Energía, Chris Wright, y de Interior, Doug Burgum, y Marco Rubio (el responsable de Estado) se centrará en los aspectos políticos de lo que llaman la transición en Venezuela.

De hecho, Wright aseguró el domingo que las petroleras estadounidenses Chevron y Shell; la española Repsol y la italiana ENI se han comprometido a “elevar de inmediato” su inversión en Venezuela durante la reunión mantenida con Donald Trump, quien ha pedido inversiones de 100.000 millones de dólares para revitalizar la industria petrolera venezolana.

Pero, frente a la posición de compañías como Repsol, dispuestas a “invertir con fuerza”, en palabras del propio Imaz, otras declinaron la invitación de Trump, ante lo que consideran una falta total de seguridad jurídica para acometer inversiones tan relevantes. La intervención del consejero delegado de ExxonMobil, Darren Woods, siguió esta línea, al afirmar que el país latinoamericano es hoy por hoy “ininvertible”.

Para Wright, la opinión de ExxonMobil es “atípica”, pues frente a ella hay hasta una docena de compañías listas para volver a Venezuela tras el ataque militar estadounidense que se saldó con el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y su relevo por la vicepresidenta, Delcy Rodríguez. Entre las que están en el país, dispuestas a aumentar sus inversiones, se encuentra Repsol, y otras más, entre seis y doce, se han mostrado “listas para entrar”, según Wright.

La prioridad de Repsol, según fuentes cercanas a la empresa, es poner la operativa en marcha y recuperar el escenario previo a las sanciones que Estados Unidos impuso en marzo del año pasado, lo que le ha impedido cobrar en especie por la producción de gas en el país (un gas que proporciona buena parte de la electricidad al país, la mitad de la red, a través de plantas de ciclo combinado). El objetivo de Repsol es poder recuperar (y aumentar) las exportaciones de crudo, tanto el que ya produce como el que le corresponde recibir por el gas que explota.

En cualquier caso, para la compañía española lo prioritario no es cobrar a corto plazo la deuda que arrastra desde marzo, lo que, entiende, provocaría un agujero en las cuentas del país latinoamericano, sino recuperar el sistema de exportaciones. Ello no quiere decir que el grupo renuncie a su cobro, indican las mismas fuentes.

El objetivo es que se restablezca el sistema y aumentar la producción. Así lo manifestó Imaz el viernes en la Casa Blanca: “Estamos listos -dijo- para invertir más en Venezuela y triplicar la producción en Venezuela en los próximos dos o tres años”, que en la actualidad es de 45.000 barriles equivalentes de petróleo al día, e hizo alusión a la próxima puesta en marcha del proyecto de Alaska, donde se adjudicó el año pasado 45 bloques de exploración cercanos a Pikka, la zona del mayor yacimiento petrolífero descubierto en el país en los últimos 30 años. “Somos una empresa española, pero estamos totalmente comprometidos a invertir en Estados Unidos. Durante los últimos 15 años, hemos destinado 21.000 millones de dólares a la industria estadounidense de petróleo y gas”, añadió.

Respecto al futuro de la petrolera estatal venezolana, PDVSA, fuentes políticas aseguran que se producirán cambios en el equipo de gestión, si bien todo apunta a que será personal venezolano y no estadounidense. Esta compañía es clave, pues tiene participaciones mayoritarias en todos los proyectos que las petroleras extranjeras tienen en Venezuela.

Sánchez pide “respeto”

Informes de analistas energéticos recogidos por Efe han mostrado su escepticismo ante el plan de Trump para Venezuela, que tiene las mayores reservas del mundo, el equivalente a 364.000 millones de barriles o el 17% del total, pero una producción que solo representa el 1% global, según datos de Standard & Poor’s. Entre las desventajas, se encuentran la obsolescencia de la infraestructura petrolera venezolana y la incertidumbre política. La nueva presidenta del país, Delcy Rodríguez, fue vicepresidenta de Maduro y funcionaria del fallecido mandatario Hugo Chávez, quien expropió el petróleo. Varias petroleras norteamericanas han mantenido largos arbitrajes internacionales por las expropiaciones de Chávez, entre ellas, ExxonMobil y ConocoPhillips. Por este motivo se han instado unos 60 arbitrajes internacionales desde el año 2000 contra Venezuela por un valor estimado de 30.000 millones de dólares, casi el 15% de su deuda internacional.

Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mostró este lunes el “máximo respeto” a la disposición mostrada por Repsol para contribuir a reflotar la producción de petróleo en Venezuela, ya que “obedece a unos criterios privados, absolutamente legítimos”. En rueda de prensa junto al primer ministro griego, Kyriákos Mitsotákis, tras una reunión de ambos en La Moncloa, Sánchez ha recordado que Repsol viene operando en el país latinoamericano “desde hace muchísimos años”, incluso antes de que él fuera presidente del Gobierno, y subrayó “el máximo respeto a lo que haga una compañía privada en un tercer país”.

A este respecto, también recordó que, “cuando ha habido situaciones críticas, en un momento en el que se ponía en duda la operación o la presencia de Repsol en Venezuela”, el Ejecutivo español ha defendido los intereses de la energética “en todos los foros internacionales y ante todos los gobiernos que tuvieran esa duda”.

Por otro lado, consideró, en relación a la situación en general: “Es importante que, de alguna manera, cuando hablamos de la necesidad de que España sea un actor de peso que intermedie y propicie ese necesario tránsito hacia unas elecciones libres y limpias en Venezuela, que devuelvan la legitimidad a su gobierno y, por tanto, tengamos una transición real y efectiva e inclusiva a la democracia en Venezuela, es evidente que necesitamos también esa presencia y esa cooperación económica”.



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