La relación entre el presidente estadounidense Donald Trump y Jerome Powell ha vuelto a activar las alarmas del mercado. La apertura de una investigación penal por parte de la Fiscalía de Estados Unidos contra el presidente de la Reserva Federal por las obras de reforma de la sede de la institución en Washington ha hecho temer una nueva oleada de fuertes ventas en los activos de riesgo y búsqueda de refugio que por ahora se ha contenido.
Los escasos puentes entre ambos tras un año y medio de animadversión y fuertes críticas por parte de Trump han terminado de saltar por los aires. Powell, quien hasta ahora había mantenido la prudencia pese a ser la diana de toda suerte de insultos por parte del mandatario republicano, ha optado por presentar batalla al asegurar que “la amenaza de cargos penales se debe a que la Reserva Federal establece los tipos de interés con base en nuestra mejor evaluación de lo que beneficiará al interés general, en lugar de seguir las preferencias del presidente”. Su reacción ha puesto en lo peor a analistas e inversores, que temen que la oleada de injerencias de todo signo desatada en el arranque de año por Trump derive en la destrucción de la independencia de la Reserva Federal. Pero, ¿qué implicaciones tendría una detonación así para el mercado?
La incertidumbre no gusta
Al mercado le gusta lo predecible, casi lo aburrido. “Estamos perplejos ante este desarrollo profundamente perturbador que surgió de la nada después de un período en el que las tensiones entre Trump y la Fed parecían contenidas”, ha lamentado Krishna Guha, analista del banco de inversión Evercore ISI y exmiembro del comité de gestión y jefe del grupo de comunicaciones de la Reserva Federal de Nueva York. Los inversores ya se habían acostumbrado a los exabruptos de Trump contra Powell por no ceder a sus peticiones de acelerar la bajada de tipos y ya descontaban que su sucesor al frente de la Fed será más dócil y se plegaría en cierta medida a los designios del mandatario.
La apertura de la vía penal contra Powell hace temer los peores presagios: la independencia de la Fed se vería erosionada, con interferencias políticas visibles, o incluso gravemente comprometida. Una posibilidad que dejaría al banco central como un mero brazo del Tesoro estadounidense y que haría que colapsara la confianza del inversor en Estados Unidos, según los escenarios que plantea Vontobel.
Un mayor intervencionismo político en la Fed haría saltar por los aires la hoja de ruta de la institución, su forward guidance. Una intromisión que provocaría que sus decisiones tuvieran menos que ver con los datos macroeconómicos y más con los designios políticos, dejando en el aire el doble objetivo que persigue la institución: mantener una inflación controlada en el 2% y un bajo nivel de desempleo. Por lo pronto, en ING mantienen la teoría de que “los mercados aún no están listos para descontar una pérdida de independencia de la Fed, ya sea por la expectativa de que Powell se mantendrá firme en sus políticas (como prometió) y el FOMC no se verá gravemente afectado, ya sea porque las citaciones del Departamento de Justicia probablemente no resulten en una acusación formal”.

Una bomba de relojería llamada deuda
Estados Unidos tiene una ratio de deuda pública sobre el PIB del 122%, según datos de 2024. Un nivel que, de acuerdo con las estimaciones de Scope Ratings, se situará en el 140% en 2030. “Entre las economías avanzadas, esto situaría a Estados Unidos como el segundo país más endeudado después de Japón, y por encima de los niveles de deuda previstos para 2030 en el Reino Unido con un 115%, Francia con un 125 % e Italia con un 136%“, advierte Eiko Sievert, analista del sector público y soberano de Scope Ratings.
Las dudas sobre la independencia en la Reserva Federal, o su falta total, provocarían un fuerte aumento del coste de financiación para los emisores estadounidenses, tanto a las distintas administraciones como a las empresas, penalizando a aquellos más débiles. El analista de Scope Ratings apunta incluso al impacto que podría tener la posibilidad de que la Administración federal amenazara con incurrir en impago o entrara en impago técnico de la deuda. El elevado déficit público del país y el aumento sostenido de la deuda ya provocaron en mayo que Moody’s rebajara su rating de triple A a Aa1 y modificara la perspectiva de negativa a estable.
Aversión al riesgo
El ataque ha desatado nuevamente la aversión a los activos de más riesgo y la búsqueda de refugio por parte de los inversores. El oro ha llegado a subir este lunes un 3%, superando incluso los 4.600 dólares por onza. Las miradas se sitúan en la evolución de la divisa estadounidense, que podría verse duramente castigada pese a que hasta ahora era considera un puerto seguro en tiempos de inclemencias.
“Los riesgos a la baja para el dólar ante cualquier indicio de una mayor determinación de interferir con la independencia de la Fed son sustanciales”, advierten los estrategas de ING, tras un 2025 en el que la divisa europea se apreció un 14% frente a la estadounidense. Si la tensión llega al mercado de deuda y suben las rentabilidades de los bonos americanos, el dólar se vería afectado, advierten los expertos. Jon Butcher, economista senior para EE UU de la gestora Aberdeen, incide especialmente en que “el extremo largo de la curva podría experimentar un aumento de las primas por plazo”.
Venta de EE UU
La hoja de ruta que ha seguido Trump desde su retorno a la Casa Blanca ha puesto en jaque el excepcionalismo estadounidense. La guerra comercial dio una señal clara a los inversores de que era el momento de mirar hacia otras geografías y el rendimiento obtenido por los mercados de renta variable europeos el año pasado fue una prueba de ello: el Ibex se revalorizó un 49,3% en su mejor año desde 1993. Las gestoras de fondos de inversión registraron fuertes salidas de flujos de Estados Unidos hacia Europa y aunque parte del dinero volvió, otra no lo hizo.
¿Trump siempre se acobarda?
El acrónimo TACO (Trump Taco Chicken, en inglés) puso de relieve hace un año una de las tácticas de negociación de Trump bajo la cual terminaba siempre echándose atrás en sus propuestas más agresivas. En abril del año pasado, el mandatario estadounidense acabó anunciando una tregua de su guerra arancelaria para sofocar el castigo a la deuda estadounidense y el desplome de la renta variable.
Ahora, la fijación de los aranceles ha llegado a la Corte Suprema, que debe pronunciarse en los próximos días sobre su legalidad. Si falla en su contra, Trump ya ha anunciado que fijará otros nuevos para, entre otras cosas, cubrir el agujero de ingresos fiscales que dejarían. Una decisión que coincide con la intervención militar de EE UU en Venezuela, incluida la detención de su presidente Nicolás Maduro, y las amenazas de anexión de Groenlandia.






























