El año que acaba ha sido de vértigo, un año marcado por una carrera desenfrenada entre modelos y procesadores, una competición constante por liderar rankings donde prácticamente cada semana aparecía una novedad y se batía un nuevo récord. Y no, nada indica que esto vaya a parar o siquiera a aminorarse en 2026. Continuarán los récords, pero veremos mucho más: la revolución se hará más visible en la vida económica, cotidiana e incluso institucional.

Los modelos seguirán rompiendo rankings. No habrá tregua: continuarán arrasando en todas las métricas imaginables. El vídeo se incorporará a la multimodalidad con naturalidad. Limitaciones actuales, como la ventana de contexto o la degradación en tareas de trabajo autónomo prolongado, desaparecerán. Y técnicas como los mixture of experts (MoE) se consolidarán, dando lugar a modelos más ágiles, con tiempos de respuesta reducidos y costes más bajos.

Científicos, ingenieros y actores artificiales verán la luz. Aparecerán thinking models capaces de operar al nivel de un investigador. En la práctica, algunas empresas, laboratorios de investigación e incluso organizaciones militares dispondrán de un número casi ilimitado de científicos e ingenieros virtuales, incansables y de coste marginal comparativamente muy bajo, lo que generará ventajas competitivas difíciles de igualar. Asistiremos a una transformación radical en la producción audiovisual: vídeos, anuncios y contenidos serán generados mayoritariamente por IA, indistinguibles de la realidad, incrementando enormemente las capacidades creativas y el volumen de producción.

Universidades y hospitales IA. El uso de la IA en hospitales y en medicina asistencial se generalizará, especialmente en China. La medicina preventiva, el diagnóstico remoto y los wearables integrados en sistemas asistenciales serán monitorizados por IA. La consulta médica a través de chatbots se convertirá en habitual en algunos países. En el ámbito educativo, veremos cómo los tutores de IA se apoderan de buena parte de la formación ejecutiva.

Los coches autónomos se generalizarán en EE UU y China. Los robotaxis serán una realidad operando a un precio muy bajo y transformando la movilidad urbana. Su impacto será especialmente significativo para personas mayores o jóvenes sin vehículo propio. El transporte público autónomo será el new normal en muchas ciudades chinas, redefiniendo distancias, accesos a servicios y la propia forma de las ciudades.

Los camiones autónomos serán una realidad. Los camiones eléctricos autónomos de corto recorrido (semitrucks) ya están emergiendo en China y se generalizarán rápidamente en algunos países. Esto no solo acelerará las cadenas logísticas, sino que podría reducir sus costes por un factor de tres o más. Una logística más ágil, barata, rápida y ajustable en tiempo real redundará en precios más bajos, mayor capacidad de adaptación y ciudades más habitables. La distribución de “última milla” empezará también a automatizarse, desplazando progresivamente a los repartidores humanos.

Una invasión de robots humanoides. China se situará a la cabeza de los robots humanoides aplicados a logística, producción, hospitales y usos militares. Algunas empresas estadounidenses competirán con ella, pero el dominio asiático será aplastante. El software tardará algo más que el hardware en alcanzar su madurez, pero comenzaremos a ver robots en la vida cotidiana. Aparecerán las primeras empresas y centros logísticos sin trabajadores humanos, y tareas como la seguridad perimetral o vigilancia serán realizadas exclusivamente por robots.

Los primeros centros de IA en el espacio verán la luz. El espacio se perfila como el lugar ideal para los futuros centros de computación. Veremos cómo SpaceX, Blue Origin y China empiezan a desplegar centros de IA en órbita terrestre, y cómo esta idea, hoy aún sorprendente, empieza a normalizarse.

La palabra que definirá 2026 será adopción. Adopción de agentes de IA en empresas y administraciones; adopción de IA con ruedas —robotaxis—, con patas —robots humanoides— y con alas —drones y sistemas aeroespaciales—. Una adopción masiva que, esta vez sí, comenzará a transformar profundamente negocios, hospitales, universidades, la movilidad, la logística y, más lentamente, la Administración Pública.



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