Víctor Granda Aguilar, abogado y catedrático, evoca con ecuanimidad a cada una de las figuras políticas que destacaron en los últimos 100 años de existencia del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE), fundado en 1926, y que se conmemoraron con foros con invitados internacionales y una sesión solemne, días atrás. Granda —exdiputado y líder histórico de la organización política— cuenta que el ideario con el que nació el partido, de combatir la pobreza, la desigualdad, la concentración de la riqueza y la corrupción, está presente. Pero reconoce que hay que renovar para el futuro. “El partido debe hacer un inventario de sus aciertos y errores, debe fijarse una estrategia para promocionar a su equipo, a su gente que está en la lucha política permanente, para presentar al país un liderazgo nuevo, joven”, dijo Granda, docente de la maestría de Derecho de Control y Prevención de la Corrupción de la Universidad Andina Simón Bolívar.
Cien años de vida política. ¿Qué rescata de la ideología de izquierda, en un momento en el que los partidos políticos son vistos como vehículos electorales y no como un espacio para generar cambios?
A diferencia de otros partidos, el Partido Socialista constituye una necesidad histórica, tanto cuando se fundó en 1926 -que respondía a una coyuntura económica y social muy particular- como en la actualidad, porque los fenómenos de la pobreza, de la desigualdad, de la concentración de la riqueza, de la injusticia social, de la corrupción están presentes. Entonces, el ideario socialista de 1926 sigue vigente.
¿Están vigentes estos pensamientos, en medio de los avances tecnológicos, la moda, las redes sociales?
No lo desconocemos. Los nuevos fenómenos de la realidad, los cambios tecnológicos, la inteligencia artificial… Esas modificaciones y cambios deberían aliviar el dolor del trabajo, crear mejores condiciones de carácter social para el conjunto de la población, pero curiosamente, mientras se dan estos cambios de punta, la riqueza se concentra en pocas manos.
¿En qué se diferencia ese socialismo, con el socialismo del siglo XXI?
Me parece que es un recurso utilizado por determinadas personas que consideran que la política no va más allá de sus intereses personales y caudillísticos, como es el caso de Rafael Correa, que pretendió desconocer toda la historia del socialismo en el Ecuador y, supuestamente, fundar algo nuevo. Sin embargo, algo nuevo no se puede fundar sobre el caudillismo, sobre el personalismo, porque sobre eso, el país tiene una larga experiencia, que es la ‘velasquista’, que no significó finalmente ningún cambio. Los diez años del expresidente Correa fueron de frustración, porque tampoco es que se hicieron cambios fundamentales. Se hizo obra pública, pero con mecanismos corruptos. Ellos no son representantes del socialismo, por lo que este partido, con todos sus éxitos y fracasos, está vigente para asegurar los cambios fundamentales que se necesitan.
¿Hacia dónde apunta el partido tras este siglo en temas como el Código del Trabajo, la seguridad social, cuando los sindicatos o movimientos de trabajadores, que son la base de esta corriente política, están perdiendo apoyo ciudadano?
Confío fundamentalmente en la juventud. Creo que una de las características especiales del partido es que ha habido diferentes generaciones de socialistas. Este no es un partido caudillista ni personalista. Entonces, cada cierto tiempo hay nuevas figuras y yo confío en la clase trabajadora, en las nuevas organizaciones de mujeres, ecologistas, que todos podamos confluir en una sola plataforma de cambio, sin caudillismo, sino con una propuesta política auténticamente democrática, de democracia radical, pluralista, humanista. Necesitamos una seguridad social universal, pero la forma como está estructurada, la legislación puede estar, en cierto sentido, obsoleta. Son necesarias modificaciones que hagan de la seguridad social algo sostenible. Que el asegurado pueda contar como ocurría hace algunas décadas con un buen servicio de salud y no con el deplorable servicio que tenemos en la actualidad, al que el presidente de la República analizaría sustituirlo. Es un tema que hay que tratarlo con responsabilidad. En el campo laboral, el código de 1938 no está obsoleto, como algunos lo han dicho. Se ha modificado más de 50 veces y lo que más les interesa a los empresarios son las modalidades de trabajo que se cambian a través de acuerdos ministeriales, sacrificando los derechos de los trabajadores.
Pese a la trayectoria y el pensamiento social, ¿por qué el PSE no ha podido poner un presidente de la República?
El Partido Socialista ha tenido una gran incidencia en las organizaciones sociales, laborales, campesinas, estudiantiles, en las universidades. Pero, en determinados momentos, cuando ha tenido influencia y crecimiento, no ha optado por crear liderazgos propios del partido que expresen esta lucha y que lo lleven al poder. Ha preferido el acomodo, la transacción, el acuerdo con figuras políticas, pueden haber sido algunas hasta interesantes, aunque no representaban a este ideario. Entonces, hemos cumplido cien años y, una vez que hagamos un inventario de nuestros aciertos y errores, debe fijarse una estrategia para promocionar a su equipo, a su gente que está en la lucha política permanente, para de esa manera presentar al país un liderazgo nuevo, joven, renovado. Lo fundamental son las ideas, más allá de los temas etarios.
¿Están en crisis los partidos y movimientos políticos?
Muchas personas prefieren alejarse de la política activa. Lamentablemente, la forma de controlar la política es a través del financiamiento de las campañas electorales que son las que determinan quiénes llegan a la Presidencia de la República. O aquellos que controlan un partido ponen a gente incondicional y los incondicionales no son gente capaz, reflexiva, sino alzamanos. Esto deteriora el nivel de la política porque la representación se vuelve deficiente, incompetente para plantear iniciativas creativas con las que se busque una solución a los grandes problemas nacionales.
¿Cuál ha sido el recorrido del partido en este siglo?
El Partido Socialista atravesó una primera etapa que fue la de su fundación y su incidencia con su plataforma social en la vida ecuatoriana. En la década de los años 30 fue el Partido Socialista el abanderado de la legislación obrera, de la legislación de la seguridad social. El partido participó activamente en procesos electorales y obtenía resultados bastante buenos. Nuestro primer candidato fue Carlos Zambrano Orejuela, un distinguidísimo intelectual, poeta, escritor y obtuvo una votación muy significativa frente a José María Velasco Ibarra, que como caudillo inició su trayectoria política en los años 30. Pero fue en ese periodo, en el gobierno de Alberto Enríquez Gallo, que el partido fue llamado a colaborar y tuvo mayor participación en el ejercicio del poder. Ahí se expidió el Código del Trabajo, la Ley de Comunas, se organizó la Seguridad Social en el Ecuador. Esta fue la plataforma con la que se fundó el partido y que se hizo realidad en un buen porcentaje en el gobierno de Enríquez Gallo. En los años 30, Manuel Agustín Aguirre sentó una serie de bases de interpretación de la realidad ecuatoriana; en la década de los 40, y que constituye otro de los referentes trascendentales en la vida del partido, fue Manuel Benjamín Carrión, promotor de la cultura que tiene el país y el fundador de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Vino la década de los 60 y ahí el partido cometió un error histórico: colaborar con los gobiernos liberales. Hubo una división interna, puesto que muchos de estos intelectuales o de estos profesionales prefirieron el acomodo. Esa década estuvo influenciada por la Revolución cubana y el partido se dividió en dos sectores, uno de colaboración con los gobiernos liberales y el otro que se denominó Partido Socialista Revolucionario. Terminada la década de los 70, vino el retorno al régimen constitucional, que para mí no es democracia, porque vivimos bajo un régimen constitucional, pero la democracia todavía debe construirse. En los años 80 se hizo una reflexión sobre la necesidad de un cambio. En 1986 asumimos la dirección del partido y tuvo un repunte político-electoral importante con muchos legisladores de distintas provincias. Tuvimos vicepresidentes del Congreso como Enrique Ayala Mora, Manuel Salgado e incluso la presidencia del Congreso Nacional con Edelberto Bonilla. Pero ahí también cometimos un error grave que fue no proyectar una alternativa política propia y preferimos hacer alianzas con ciertas figuras políticas que finalmente no fueron coherentes con los planteamientos del partido. Luego, llegó la famosa Revolución Ciudadana que quiso tomar las banderas del socialismo, pero simplemente para esconder un caudillismo personalista, autoritario, represivo hacia las organizaciones sociales y de corrupción. Es en ese momento que el partido volvió a sufrir una división, entre quienes estábamos opuestos a Rafael Correa y no se diga después de la muerte de la ministra de Defensa Guadalupe Larriva, que era la presidenta del partido.
¿Podría decirse que se enfrentaron dos periodos de ruptura provocados por figuras externas?
En los años 80, de mucha incidencia en la vida nacional, a mi manera de ver, son dos décadas perdidas para el partido porque dejó de tener un horizonte de poder y prefirió la colaboración: primero, con los liberales y otro grupo que se fue con Rafael Correa. Eso nos dividió. En el 2019, el socialismo nuevamente se unificó, retomó la dirección Enrique Ayala y actualmente tenemos una nueva generación de jóvenes que los dirigen Gustavo Vallejo y Elsa Guerra, que están haciendo el esfuerzo de levantar el partido como una alternativa. Un socialismo renovado, latinoamericano, que no reedite los errores que se han dado en otros lugares del mundo. (I)


































